EL ABSOLUTO

Publicado en Noviembre 2007, revisión Agosto 2013

Escrito por Ernesto Rosati Beristáin

 

*Demostración científica de la existencia de Dios

 

*Revelación del misterio de Dios

*Concilio entre la Ciencia y la religión

 

 

Segunda parte

 

 

 

Índice:

 

¡La vida eterna!

¿Qué es la vida?

¡El Absoluto es el fundamento del entendimiento!

¿Por qué no lo habíamos entendido?

¡El circulo vicioso!        

¡Razonemos juntos!      

¡El precio de nuestra salvación!       

¡La metáfora de Dios!

 

¡La Nueva Naturaleza!

¡La conciencia del Amor!

¡La reconciliación!

¡El misterio tiene que ser revelado!

¡Una nueva Filosofía!

¡La expresión de la vida!

¡Dios en nosotros!

 

RESUMEN

¡Recomendaciones!

Conclusiones

Epilogo      

 


 

¡La vida eterna!

 

 

¿Qué es la vida?

 

La vida es para cada uno de nosotros en lo particular lo que conocemos y entendemos en nuestra conciencia, y ésta conciencia se forma en un proceso de aprendizaje, con el uso del discernimiento, imaginación y memoria que se conforma en el alma. Conocer es lo que podemos considerar ¡vida!, ¿quiénes somos?, ¿cómo nos llamamos?, ¿qué hacemos?, “el lenguaje, las costumbres, las tradiciones, la religión”, eso somos y ésa es la vida. ¿Qué será entonces la vida eterna?

 

Si todo fuera relativo nada sería eterno, suponer que vamos a trascender si todo fuera relativo sería absurdo, porque lo relativo se define de acuerdo a sus parámetros y sus límites, que son el tiempo y el espacio, e incluso estos tienen un principio y un fin, el Universo que es donde existe el tiempo y el espacio tiene un principio y un fin; pero si comprendemos que existe algo absoluto que por definición es trascendente y eterno que en nosotros es nuestro espíritu, y entendemos que el espíritu es la esencia con la que fuimos creados, sabremos que existe y es en nosotros nuestro cuerpo espiritual absoluto y trascendente, por lo que éste conocimiento nos puede dar la esperanza de trascender juntamente con Él.

 

Si Dios es la esencia de la vida, absoluta y trascendente por definición y conocer es vivir, entonces conocer a Dios es la vida eterna.

 

Nosotros fuimos concebidos en el cuerpo físico, a partir de ésa concepción comenzó el conocimiento y comenzó nuestra vida, desde la completa ignorancia hacia la conciencia, y comenzamos a conocer nuestro cuerpo, el alma que nos une al mismo y las cosas que nos rodean, posteriormente hicimos conciencia de nuestra propia alma que es nuestro yo, e inmediatamente el alma de quienes nos rodean, el cariño, la alegría, el comportamiento, y fuimos educados o estamos siendo educados de acuerdo a los cánones de la sociedad y hasta ahí hemos llegado, al conocimiento de lo relativo, porque no hay quien nos enseñe las razones del Absoluto, desde lo que sentimos de Él, hasta lo que es en esencia; pasando por lo que somos nosotros en esencia, en espíritu y verdad. Es como un castigo para la humanidad el no haber entendido… el no haber conocido a Dios.

 

Parece tan inmensa la apariencia y es tan tentadora que por no haber tenido las razones para ubicarla en su debida dimensión, no le habíamos dado cabida a la esencia que es lo que debiéramos entender en ésta vida, pues si lo relativo no tiene posibilidad de trascender, entonces éste cuerpo relativo debía ser la semilla desnuda de donde naciera el verdadero ser que llevamos dentro, por lo que ahí se ha quedado latente, la vida eterna a la que podemos aspirar y muere sin esperanza si no nacemos a ésa vida nueva, con un cuerpo que no sea material, que sea espiritual “nuestro cuerpo espiritual”, un cuerpo absoluto y trascendente del que estuviéramos conscientes, para que la esencia de la vida, cobre conciencia en nosotros, transformándonos de animales racionales a seres espirituales, sometiendo nuestro cuerpo material para el servicio de nuestro cuerpo espiritual, poniendo nuestra vida relativa al servicio de nuestra vida eterna. Pero no podemos poner a nuestro cuerpo material al servicio de nuestro cuerpo espiritual si no conocemos ése cuerpo espiritual que tenemos latente, el cual no puede vivir hasta que estemos conscientes de su existencia, para que con ésa conciencia logremos apoderarnos de nuestra voluntad.

 

Porque en apariencia todos desean trascender de algún modo, algunos con los hijos, otros con su propia vanidad y muy pocos con la conciencia de su propio ser absoluto y trascendente, porque hay algunos que sí lo han sabido, pero no lo habían podido explicar de manera científica, con definiciones y pruebas, pero tenemos metáforas maravillosas que han podido explicar de manera por demás acertada esto que estoy definiendo, metáforas que ante el embate de los sofismas universales como “nada es absoluto, todo es relativo”, ¡habían sucumbido! Por esto era necesario combatir a los razonamientos equivocados con evidencias irrefutables, que sólo por necedad no puedan ser consideradas como válidas, así es como éste razonamiento puede servir para llevar el conocimiento de Dios a la vida, por medio de definiciones que nos ayuden a develar de una vez y para siempre, el conocimiento que encierran las metáforas, para que conociendo a Dios aprendamos a vivir eternamente.

 

 

¡El Absoluto es el fundamento del entendimiento!

 

El conocimiento del Absoluto y eterno Dios, debería ser el “principio” que fundamente los valores de la humanidad, ya que por falta de principios los ideales que son “fines”, han ocupado su lugar; fundamentamos nuestra razón de ser y de existir con ideales, a falta de principios, ya que el sueño de ser el más famoso, poderoso o rico, ha ocupado la razón de nuestra existencia. El problema de los ideales es que sólo uno puede ser el vencedor y todos los demás son perdedores, por lo que tenemos una sociedad de perdedores en la que encumbramos a unos pocos, esperando ser los siguientes que ganen la lotería.

 

La ilusión del ideal y toda su gloria es efímera, si conseguimos lo que buscábamos, la gloria pasa y no quedamos satisfechos, por lo que buscamos algo más; si no lo conseguimos bajamos nuestros estándares y buscamos algo más factible, algo que podamos alcanzar, algo que por lo general tampoco alcanzamos o cuando menos no como nos lo imaginábamos; los ideales siempre tienen un alto grado de ilusión en la que generalmente lo que se consigue dista mucho de lo que se imaginó, por lo que los que llegan a la meta difícilmente lo disfrutan, porque no era lo que esperaban, cuantos ejemplos tenemos del éxito trágico en el que el héroe es la víctima, la fama y la fortuna son losas difíciles de cargar; los ideales brindan una falsa esperanza de gloria, hasta que ante la derrota o la efímera satisfacción, los paliativos y vicios ocupan su lugar.

 

El día en que entendamos nuestra verdadera razón de ser y de existir dejaremos de vivir de la ilusión, para dar paso a la realidad de una existencia trascendente y digna, en la que las obras que parecen tan importantes pierdan su valor por entender lo efímeras que son, para que nuestro espíritu ocupe el lugar que le corresponde en nuestra conciencia y exprese la verdad, la justicia, el amor, el bien y la misericordia por la esencia absoluta del Espíritu de Dios, que son los verdaderos principios del entendimiento, porque son el fundamento de la vida eterna, en la que sabiendo que vamos a trascender con ese espíritu cifráramos nuestras causas, dándole por fin sentido a los ideales, que sin principios pierden toda proporción.

 

Conocer a Dios y su trascendencia en nuestro propio espíritu, es la única forma de trascender a esta vida transformando nuestra vana manera de vivir, somos lo que conocemos, ésa es la vida, entendamos la verdad de la existencia subjetiva de nuestro espíritu, para trascender con ésa vida a ésta existencia vana y efímera, transformemos nuestras mentes conscientes de lo que hacemos y pensamos, considerando la trascendencia del cuerpo espiritual que también somos, ésta es la respuesta, para dejar de imaginar lo que sólo en espíritu y verdad podemos alcanzar.

 

Si somos capaces de entender lo que somos en espíritu y verdad, y reconocemos la trascendencia de nuestro espíritu, para que sea y este consciente en nuestro ser, entonces todos ésos ideales relativos y efímeros que parecen tan gloriosos los sacrificaríamos sin pensar, sabiendo que la gloria que podemos alcanzar en la eternidad es infinitamente más valiosa e importante.

 

Nuestra razón necesita apoyarse en principios inamovibles en los que se base el entendimiento para su toma de decisiones, si no existen principios absolutos en los que nos podamos apoyar, entonces nuestra razón estará plagada de malas decisiones, porque si consideramos que nada es absoluto, solamente nos ocuparemos de la apariencia de las cosas que no puede trascender, prefiriendo afligir al espíritu, yendo en contra de la esencia misma de la vida que es Dios; por lo que el conocimiento del absoluto y eterno Dios, debe ser el principio inamovible al cual podamos recurrir para nuestra toma de decisiones, lo que puede brindarnos la certeza y la convicción en el entendimiento, que es lo que podemos llamar “Fe”.

 

Si reconocemos la existencia de lo eterno, entonces con un poco de sentido común podremos descubrir nuestra naturaleza absoluta, porque no basta saber de la existencia del Absoluto, es necesario que al tomar una decisión consideremos que la esencia que proviene de Dios, es lo más valioso e importante cuando ejercemos nuestra voluntad, al usar ése conocimiento para que sea un acto de conciencia, escogiendo la esencia antes que la apariencia, para poner nuestras vidas relativas al servicio de nuestra vida eterna, al servicio de nuestra vida espiritual, al servicio de Dios.

 

Porque ahora podemos entender que el Universo no es más que un inmenso huevo del cual han de salir los hijos de Dios, que la vida espiritual está latente y al tomar conciencia cobra vida, lo que nos puede transformar de ser criaturas de Dios en hijos engendrados por Dios, espíritu de su Espíritu, esencia de su Esencia; así podemos distinguir la esencia del Absoluto por el entendimiento del origen de los sentimientos, pero también podemos entender nuestra propia vida espiritual a través de lo que expresamos con nuestras intenciones; sólo así podemos reconocer que en el fondo de las cosas lo que trasciende es la esencia, la intención que da origen a la obra y el sentimiento que se desprende de ésta, con la condición de que tenemos que hacer de ése acto, no un acto fortuito sino de plena conciencia, esto es lo que hace la diferencia.

 

La definición del Absoluto es el fundamento que la ciencia necesitaba para comprender el sentido de la vida, para establecer con éste conocimiento una nueva forma de expresarnos, en bases a la conciencia de nuestro ser espiritual, considerando que es trascendente lo que nos dicta ésa conciencia, por lo que es la base de nuestra esperanza para llegar a trascender ésta existencia, que entendemos nuestro cuerpo material no puede.

 

 

 

¿Por qué no lo habíamos entendido?

 

Como ya dedujimos, tenemos en la mente una forma de “Conciencia” que no tiene su origen en lo material ni en lo racional, que nos acusa o excusa en nuestra toma de decisiones independientemente del conocimiento que tengamos de ella, y para ésta conciencia existe una serie de reglas establecidas en su acción, que de igual forma que las leyes de la Física son reglas universales, así se pueden considerar los diez mandamientos como reglas prestablecidas por el Espíritu para el alma desde el Absoluto, pero por más que hemos tratado de adjudicarles valores morales o éticos, estas reglas siempre han sido una carga insostenible para la conciencia humana, como está escrito “la ley se puso para que el pecado sea evidente”, y también dicta que “la conciencia es la voz de Dios”.

 

Pero si ya existe la forma de conocer la esencia de los actos, ¿cuál es el problema?, ¿por qué esas sensaciones no han sido valoradas correctamente?, o peor aún ¿por qué no nos han guiado correctamente en nuestra toma de decisiones?

 

Lo que nos muestra que el verdadero problema de la lógica espiritual, pensar que alguien o algo esté dirigiendo nuestra voluntad, admitir que ése alguien o algo esté inmerso en nuestro ego, es algo que nos hace revelarnos, pues nuestro ego es demasiado grande para someterse a ésa esclavitud o servidumbre; es cuestión de naturaleza, fuimos creados para reinar sobre la tierra y someternos no es una opción.

 

El problema es que fuimos concebidos con el espíritu, para que ése espíritu que habita en nosotros nos haga ser como es Dios, pero no puede vivir en nosotros porque no lo conocemos, sólo lo podemos considerar en la conciencia como un estorbo para nuestro libre albedrío, porque aunque no lo conocemos sí lo sentimos, pero como ignoramos su existencia simplemente no existe en nuestro entendimiento.

 

Esta conciencia espiritual es sólo el límite que tenemos que pasar para poder decir que somos libres, cuando eso nos convierte en unos libertinos, lo que unos por temor no hacen, es casi un acto heroico para otros aunque sea un suicidio, pues ante la duda razonable siempre escogemos la satisfacción vana, antes de escoger sensatamente la paz y el gozo, y como no representan nada valioso para nuestra escala de valores, sacrificamos lo trascendente por lo relativo, porque para nosotros lo trascendente no ha existido; pero aun los que se han sometido por temor a la conciencia, no pueden sentirse libres porque no consideran en ése acto su propia voluntad.

 

Si no consideramos valioso lo que sentimos en nuestra conciencia espiritual, por considerar equivocadamente que es un simple razonamiento moral y no nos damos cuenta de que es nuestra propia esencia la vida espiritual que acusa o excusa nuestros actos, somos capaces de dejar salir al peor delincuente que llevamos dentro, con tal de satisfacer nuestros deseos, deseos que solo pueden considerar las apariencias como algo valioso, pues es lo único que conocen.

 

Es como si hubiéramos comido del árbol del bien y del mal, porque teniendo la conciencia acusando o excusando nuestros actos por su esencia, desobedecimos y nos revelamos condenando a nuestras almas a la culpa y al temor.

 

La razón por la cual no hemos conocido a Dios es la condena por haber desobedecido a nuestra propia conciencia, ése es nuestro pecado y siendo la condena el no poder conocer a Dios, que es la vida espiritual y eterna, nos produce el dolor de existir separados de Dios, que es angustia y aflicción, por lo que tampoco hemos entendido nuestro propósito, razón de ser y de existir.

 

Estábamos condenados a no conocer a Dios y la muestra de que como humanidad hemos estado condenados, es que la ciencia no había demostrado la existencia de Dios, aun cuando éste sea evidente y la religión tampoco nos lo había podido explicar.

 

No habiendo razones para suponer que somos eternos, no tenemos esperanza y al decidir desobedecer a nuestra conciencia espiritual, (de la cual estamos conscientes por el sentido común ya que es evidente), nos separamos de Dios, lo que es la consecuencia lógica por la ley espiritual que rige nuestras almas.

 

El problema se origina en los principios y escala de valores que nos inculcan, porque no hay quien nos haya dado las razones para comprender y hacer conciencia de nuestra vida espiritual, ya que es en nuestra infancia cuando estamos formando ésta escala de valores, con los principios y razones que fundamenten a los mismos, para que a través del entendimiento conozcamos lo que es la vida, que si entendiéramos sería conocer a Dios.

 

Porque si no tenemos valores absolutos, no tenemos a que sujetar nuestro libre albedrío, nuestra escala de valores sólo considera lo que conocemos y todo lo que conocemos es relativo, lo que conocemos no nos da ninguna razón para hacerle caso a la conciencia espiritual, más que el temor, que también nos inculcan y no nos da ninguna esperanza para la vida eterna, porque no conocemos nuestro ser absoluto y trascendente que llevamos dentro, porque el único lugar en donde podemos conocer a Dios es en nosotros mismos.

 

 

 

¡El circulo vicioso!

 

Entonces ¿cuál es la barrera del entendimiento? La barrera es nuestro castigo por desobedecer la ley impuesta por el Espíritu de Dios, que es nuestra esencia, castigo que se traduce en culpa y miedo, al no comprender el daño que nos hicimos al desobedecer a nuestra conciencia. Tampoco se ha conocido la forma de reconciliarnos con Dios, porque sin el conocimiento de Dios, buscaremos las respuestas en las expresiones sin comprender sus causas en un círculo vicioso, pues Dios no está en la expresión sino en la intención.

 

La culpa inicia cuando comienzan las frustraciones y el miedo a la burla en la infancia, por los principios y escala de valores que se enseñan en nuestra sociedad, ya que sin valores absolutos la apariencia siempre va a ser la aspiración que nos inculquen, siendo la culpa y la vergüenza la consecuencia de esos valores y aspiraciones, porque son contrarios al Espíritu de Dios, que nos aprueba o reprueba en nuestra conciencia espiritual, porque la culpa proviene de hacer algo malo y no hay nada más malo que no considerarse lo suficientemente digno, y siempre aspirar a ser algo distinto de lo que eres, la culpa es un castigo para la razón, que se inculca con la burla y se sostiene del miedo en un círculo vicioso, y la vida que está latente en el espíritu, que es la verdadera razón de nuestro existir, se vuelve muerte latente por desobedecer a nuestra propia conciencia, porque si nos rebelamos en contra de nuestras propias conciencias ¿no seremos condenados?

 

No hay que olvidar que la expresión es como nada, más la intención es todo en su valor absoluto, pero si no hay conciencia de Dios, no hay manera de considerar la esencia como algo valioso, siendo las apariencias lo más valioso e importante para los que no conocen a Dios, sin importarles condenarse a la culpa por conseguir que los acepten o admiren quienes los rodean, quienes además refuerzan ése comportamiento por tener los mismos valores.

 

¿Cómo podemos después de ser condenados a la culpa y al temor acercarnos a Dios? ¿Cómo puede Dios acercarse a nosotros sin ser destruidos? Es como si le hubiéramos puesto un velo al entendimiento que nos separa de Dios, porque después de desobedecer a nuestra conciencia nos condenamos por la ley espiritual impuesta en el entendimiento.

 

Por eso es que, aunque el Absoluto sea evidente a la conciencia, la razón justifica los paliativos y los sugestivos con el fin de mitigar la culpa que se produce al sacrificar los sentimientos por la vanidad, por lo que tenemos que hacer conciencia del daño que nos hacemos al condenarnos en nuestros actos, para que con éste entendimiento dejemos de hacer lo que nos condena, arrepintiéndonos.

 

Con éste entendimiento de la esencia de nuestro propio ser, tenemos que dejar de servir a las apariencias relativas, para servir a las intenciones del espíritu que son trascendentes, sólo entonces podemos aspirar a renacer al espíritu que no puede vivir por falta de conocimiento y reconciliación, porque renacer al espíritu (nuestra esencia) sin morir a los deseos de las apariencias (los deseos de la carne) que son los que nos condenan, no es posible, pero si no renacemos al espíritu no tendremos vida eterna, ¿y quién nos garantiza que la culpa y el miedo que son el castigo por desobedecer a nuestro espíritu, no será lo que nos conduce a nuestra muerte eterna?

 

Si no tenemos la solución para la culpa, el alma tratará de mitigarla en la conciencia con paliativos, que pueden ser vicios, prostitución o juego, o con sugestivos, que inculcan las buenas costumbres y la amabilidad para conseguir la aceptación y la benevolencia; con el fin de obtener el dinero, el poder o la fama, creyendo que estos valores relativos valen la pena, que es lo que nos inculca la sociedad, en la cultura de los valores que no pueden ser trascendentes ni valiosos para Dios, por la hipocresía que generan, ya que no fundamentan la razón por la que debiéramos ser de ésa manera, por lo que estos paliativos y sugestivos no resuelven el problema; aún con el arrepentimiento el problema no está resuelto porque no está pagado el agravio por la desobediencia, porque cuando nos separamos del Absoluto por causa de nuestra rebeldía, somos completamente relativos sin Dios, y si solamente somos relativos, no tenemos por nosotros mismos manera de reconciliarnos, ni con nosotros mismos ni con Dios, porque nada de lo que pudiéramos hacer sin Dios tiene valor.

 

Como ya observamos, el valor relativo respecto al absoluto de cualquier cosa creada es nada, sólo vale por su significado y el significado por su intención, por lo que la expresión no tiene valor para Dios; incluso en nuestro razonamiento (¿qué podemos pensar que pague por el agravio cometido?), a lo más que podemos aspirar es a sentir vergüenza de nuestros actos, no entendíamos las razones por las que deberíamos ser de otra manera, por lo que seguíamos cayendo en ése círculo vicioso y esto es para que nadie piense que es por su inteligencia y no se vanaglorie, que nadie piense que se merece la gloria en su vana humanidad y pueda con toda humildad reconocer que Dios es el único que merece toda la gloria, la honra y el poder por siempre.

 

 

¡Razonemos juntos!

 

¿Cuál es la respuesta a todo éste dilema? La respuesta está en el entendimiento, para empezar conocer nuestro propio espíritu, entender lo que somos y sentimos, dejar de ir en contra de nuestras propias conciencias sabiendo que eso que sentimos es la manifestación de nuestro cuerpo trascendental, cuerpo que en vez de vida se ha convertido en muerte latente por la culpa en la conciencia y el miedo que son castigos para el alma, ya que si para los delitos el castigo es la consecuencia, para los pecados la consecuencia es la muerte espiritual, siendo la culpa y el temor la evidente muerte que tenemos como castigo para el alma y la última condena sería también morir a ésta vida relativa sin haber recuperado la esperanza; para que con éste conocimiento entendamos que necesitamos resucitar a nuestra vida espiritual para poder vivir eternamente.

 

¿Pero cómo podemos resucitar para nuestro espíritu, si no tenemos manera de pagar por nuestras desobediencias que son nuestros pecados? de igual forma en la muerte tenemos la respuesta, en morir a lo relativo y renacer a lo trascendente, porque si estamos unidos a lo relativo por la carne tendremos que morir a los deseos de la carne para poder aspirar a renacer al espíritu, lo que sería cambiar los principios por los que vivimos arrepintiéndonos para ya no servir a la carne relativa y poner nuestro cuerpo mortal al servicio de la vida eterna que es nuestro cuerpo trascendental hecho del Espíritu de Dios. ¿Pero eso es suficiente para reconciliarnos con Dios?

 

El problema sigue siendo el ego, ser siervos de Dios es algo que no soporta la carne, pero pensar que merecemos la redención y la gloria de la vida eterna también nos condena, ser relativamente sujetos a la voluntad de otro aun siendo tu creador es insoportable para el ego, pero pensar que como creación nos merecemos la vida eterna es algo que también nos separa de Dios, porque como creación no puede haber pensamiento más soberbio y más falso que ese. Pero Dios no nos creó para ser siervos, nos creó para que seamos sus hijos, que seamos como es Él y que no nos pese sino más bien nos llene de orgullo y de satisfacción el hacer su voluntad que sería nuestra voluntad, no es obedecer a la verdad y a la justicia, es ser la verdad y la justicia no para imponer las reglas para los demás, sino para ser sin hipocresía hijos legítimos de Dios, espíritus vivientes del Espíritu del Creador.

 

En el papel suena bastante bien, hijos del Dios viviente, ¿pero es posible que esto ocurra o es necesario algo más para que esto sea posible?, pues aunque ya pudimos discernir al Absoluto existe una barrera impuesta al entendimiento, pues Dios es Absoluto y nosotros sin Dios sólo somos relativos y lo que pretende lo relativo es vano más lo que pretende Dios es trascendente, como quien dice los deseos de la carne (vanidad) van en contra de los deseos del espíritu (vida eterna y paz), y ésta barrera al entendimiento nos ha limitado durante miles de años en poder descubrir nuestro propósito para con Dios porque tenemos que reconocer que ésta vida relativa no vale absolutamente nada y además entender la verdadera intención que proviene de Espíritu. ¿Cómo lo explico? ¿Cómo nos lo explica Dios? Por eso es por lo que era indispensable el lenguaje metafórico a falta del lenguaje científico para entender el propósito de Dios, porque sin entendimiento no hay conciencia y sin conciencia no hay vida.

 

Dios nos dio la conciencia para reconocer la diferencia entre lo bueno y lo malo, sabiendo que no podíamos resistir al mal, era un problema y sabía que no lo íbamos a resolver y esto lo hizo con el fin de que reconociéramos en nuestro entendimiento que nuestro valor no depende de nosotros en nuestro razonamiento, porque al escoger el mal ya no podíamos acercarnos a Él, ni podía haber reconciliación por nuestros méritos, porque si al romper la ley merecemos un castigo, desobedecer a Dios con mayor razón nos condena, por lo que no basta el arrepentimiento ni basta la conciencia, hace falta el pago por nuestras faltas para nuestra reconciliación, pero nuestras vidas relativas no tienen los méritos ni pueden tenerlo para darnos la vida que Dios nos quiere dar, como está escrito, “no es por obras, para que nadie se gloríe”, somos carne y huesos relativos y el alma está sujeta a estos mientras no conozcamos algo más, y como lo relativo no es trascendente pensar que lo relativo vale algo para el ser absoluto y trascendente que es Dios, es absurdo; así que sin esperanza de que por nuestros méritos seamos reconciliados, solamente Dios nos podía proporcionar un sacrificio válido en pago para nuestra reconciliación, para entender que dependemos como creación, completa y absolutamente del Creador y para saber que es por su voluntad que seamos sus hijos.

 

Por ésta razón es que Dios decidió expresar su voluntad para con nosotros a través de una metáfora en la que se mostrara su verdadera naturaleza, para que comprendiéramos cual es el valor que tenemos para Dios, nuestro propósito y la naturaleza a la que podemos aspirar por medio de nuestra reconciliación, todo en un solo evento que cumpliera con la ley impuesta para alcanzar el perdón y con la gracia para alcanzar la redención.

 

 

¡El precio de nuestra salvación!

 

Para llegar a ser reconciliados con Dios, tenemos que ser perdonados por rebelarnos en contra de nuestras conciencias, que son nuestros pecados y ahora sabemos que los actos por los que hemos sido condenados son dignos de muerte, causa de ésa muerte latente de nuestras almas y no tenemos manera de pagar por nuestras falta, es por ésta razón que necesitamos ser salvados, que alguien pague con un sacrificio vivo y agradable a Dios, necesitamos al cordero de Dios que quita el pecado del mundo, a Jesús, que en su vida y en su muerte es la semejanza de lo que ocurre y debe ocurrir en nuestras vidas para nuestra salvación, ya que él, siendo el primero en vivir conscientemente al Espíritu, se entregó a sí mismo en sacrificio, para que sea el ejemplo semejante de lo que debe ocurrir en nosotros mismos para ser reconciliados, ya que así como nosotros hemos condenado nuestras almas por nuestras rebeliones y estamos condenados, así fue condenado Jesús por causa de nuestras rebeliones, sufrió azotado y fue vejado como es castigada nuestra alma con la culpa y el temor, para que al morir a su carne, nosotros muramos juntamente con él a nuestra carne, para que con su resurrección, resucitemos juntamente con él en nuestro espíritu y sea nuestro cuerpo material el nuevo templo en el que habite el mismo Cristo resucitado (nuestro espíritu resucitado) por causa del entendimiento de su sacrificio, un solo Dios, un solo Cristo, un solo sacrificio vivo y eterno, muestra también del amor absoluto y eterno de Dios, que aun siendo pecadores, Dios entrego al cordero sin mancha y sin pecado, Cristo entrego su cuerpo mortal, para resucitar en nosotros, es el renacer de nuestro espíritu, Cristo Jesús se entregó a sí mismo para nuestra salvación.

 

No tenemos por nuestros propios medios manera de reconciliarnos con Dios, así que siendo imposible para el hombre pagar el precio de nuestro propio perdón para nuestra redención y como entendemos que en verdad es necesario pagar por nuestros agravios, es por ésa razón que necesitamos que alguien pague por nuestras culpas y como ya dije “para que nadie piense que por sus méritos merece el perdón y la reconciliación, y no se vanaglorie” Dios nos proporcionó un sacrificio digno para nuestra reconciliación en semejanza de lo que tiene que ocurrir en nosotros, que sirva para nuestro entendimiento y sea la manifestación de su verdadera naturaleza y de la vida a la que podemos aspirar, éste sacrificio lo hizo en un hombre que con todo conocimiento reveló el misterio de la naturaleza de Dios, en el amor por nosotros, con lo que podemos comprender que vivía y vive en el Espíritu del Creador, por lo que debemos entender que el hijo de Dios, está vivo para Dios por su entendimiento, éste hombre se llamaba Jesús. Dios se engendró en Jesús y se entregó a sí mismo, lo que también se puede entender como que Dios entregó a su hijo, para que sin nosotros merecerlo, pagara por nuestras rebeliones y nuestras desobediencias, para el perdón de nuestros pecados y la reconciliación, para que también nosotros pudiéramos por medio de su sacrificio, renacer a la vida para la que fuimos llamados a ser juntamente con Jesucristo hijos de Dios, por eso Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos, porque con su resurrección podemos dejar de servir a nuestros cuerpos mortales, para hacer de estos cuerpos, templos del Espíritu de Dios, vivo ahora en nosotros por el entendimiento como hijos suyos y así cumplir con la razón de la creación.

 

Por esto vino en Jesús y Jesús pronunció el propósito de su vida y de su sacrificio, y porque entiendo que eso que confesó es cierto, es por eso que su sacrificio no es en vano, porque a mí me sirvió para el perdón de mis pecados igual que a todo aquel que en Él cree, no existe otro hombre que haya dicho lo que él dijo al decir que entregaba su vida para mí salvación, ni hizo lo que él hizo al morir en la cruz por mis pecados que son mis desobediencias y mis rebeliones hacia Dios, por lo que puedo comprender que su sacrificio sea mi sacrificio, lo que hace que sea digno para Dios, porque ya no es necesario pagar de otra manera por nuestras culpas, Dios nos proporcionó en Jesús lo necesario para nuestra reconciliación, porque también nos muestra el camino a través de su ejemplo, la verdad a través de sus palabras, la vida a través de su resurrección para nuestra salvación y la verdadera naturaleza de Dios a través de su amor, y cuando entendemos que lo hizo por amor, confirmamos que es el Hijo de Dios y nuestro salvador, para que la culpa por causa de la desobediencia, sea crucificada juntamente con los deseos de nuestra carne y no sea más una carga de muerte para nuestra conciencia, sino que seamos libres para acercarnos a Dios y podamos conocerlo, renaciendo al mismo tiempo en nuestro espíritu para vida eterna y paz, y así poder decir confiadamente que Dios es nuestro padre.

 

Jesús en su sacrificio nos muestra lo que realmente vale para Dios y también al verdadero Hijo que habitaba en Jesús, porque el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, era el cuerpo mortal de Jesús, el cual fue sacrificado, demostrando que ése cuerpo no tiene valor para Dios, más que lo que se hiciere con él por la intención de sus actos, que fue nuestra Salvación; pero el Hijo de Dios, que habitaba en Jesús, es lo que realmente vale, ya que es el Cristo, su Espíritu, que es y era el mismo Espíritu de Dios, el que vive para siempre; Jesús pagó en obediencia por nuestras desobediencias para nuestra reconciliación, para que resucitáramos juntamente con él a nuestro propio espíritu, ya que su resurrección es la muestra de lo que tiene que ocurrir en nosotros, al aceptar que ése sacrificio es el pago por nuestros pecados, para que juntamente con él, resucitemos a una nueva vida espiritual.

 

Si el cuerpo mortal de Jesús valiera algo para Dios, éste no hubiera sido mortificado y seguiría entre nosotros, porque como está escrito, “el cuerpo mortal es polvo y en polvo se ha de convertir”, más el Espíritu, que es uno sólo porque es absoluto, ahora puede vivir en nosotros para ser en el cuerpo mortal, los nuevos templos de Dios. Sólo así es entendido el texto que dicta que, “si Cristo no resucitó de los muertos, vana es nuestra fe y aún seguimos en nuestros pecados”, porque si sólo resucitó para sí mismo, entonces ¿cómo es que resucitamos nosotros?, pero su resurrección es en nosotros, en nuestro propio espíritu, por lo que su resurrección la compruebo en mi propio ser y no en las obras, sino en la esencia de las mismas, por la conciencia que tengo de ellas.

 

 

¡La metáfora de Dios!

 

Jesús se hizo metáfora para que tuviéramos su testimonio en semejanza de lo que tiene que suceder en nuestro propio espíritu, su cuerpo físico es la semejanza de nuestro cuerpo espiritual, su sufrimiento es la semejanza de nuestro propio sufrimiento espiritual, la condena por nuestras faltas es la semejanza de la condena de su propia carne, su muerte es la semejanza de nuestra propia muerte latente, su sacrificio es la semejanza del amor que Dios tiene por nosotros que hemos sido elegidos para ser sus hijos, su resurrección es la semejanza de la resurrección que ha de suceder en nuestro propio ser, cuando por el perdón de nuestras almas y por el entendimiento resucite nuestro espíritu, para poder llegar así a ser hijos de nuestro padre Dios, por lo que Jesús no se avergonzó de llamarnos hermanos.

 

Jesús habló como un profeta con todo entendimiento, se sacrificó a sí mismo por amor a nosotros y siendo el primogénito hijo de Dios, es nuestro salvador, que tristeza que ésta verdad tan grande haya estado velada para el entendimiento de los hombres, porque necesitamos un sacrificio, que solamente Dios puede proporcionar, que sea un sacrificio Absoluto y eterno, y esto sólo es posible si Jesús viviera por medio del conocimiento de Dios a su propio Espíritu, y siendo espíritu del Espíritu de Dios, es Dios mismo, porque Dios es absoluto y no puede ser otro Espíritu; Él vino y nos enseñó por medio de metáforas la voluntad de Dios y la vida espiritual “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”, Él hizo el sacrificio, consciente de que lo hacía para la reconciliación y el perdón de nuestros pecados, para que siendo el primogénito fuera el primero de muchos, sacrificando su primogenitura para que nosotros pudiéramos ser como Él es, si algún otro profeta hubiera dicho lo que él dijo sería complicado escoger alguno, pero no hay otro en la historia que cumpla con nuestra necesidad de perdón y reconciliación, y que sea la semejanza de lo que tiene que ocurrir en nosotros, por eso dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al padre si no es por mí”. Así como su testimonio es suficiente para saber que sabía lo que hacía, mi entendimiento de su sacrificio que es mi fe, es suficiente para salvar mi propia alma.

 

Ése sacrificio ha sido suficiente para algunos, pero por la falta del conocimiento de Dios, ése sacrificio ha sido inaccesible para muchos más, porque, ¿qué sentido tiene ése sacrificio si todo fuera relativo?, no serviría más que como un chantaje moral para que por sus sufrimientos nos avergonzáramos de nosotros mismos y escogiéramos el bien en vez del mal, pero Dios no quiere nuestra vergüenza, quiere nuestra redención, no quiere siervos que teman y obedezcan ciegamente al amo y señor, quiere hijos que sean como Él, que tengan la vida que Él tiene y que sean su gloria, para eso Jesús se entregó a sí mismo, para tener esclavos obedientes tiene al resto de la creación que hacen exactamente para lo que fueron creados, pero nosotros tenemos el libre albedrío y la posibilidad de conocer a Dios, qué diferencia tan notable que sea a través del entendimiento la reconciliación.

 

Aquí es cuando podemos hablar de Dios de cualquier forma “Científica o Religiosa”, ya que Dios ya no es un misterio velado por la ciencia en su limitada apreciación, sino que habiendo traspasado toda frontera, podemos considerarlo conscientemente desde cualquier perspectiva y al mismo tiempo retomar la religión, llevando el conocimiento metafórico al conocimiento científico y viceversa, del conocimiento científico al conocimiento metafórico para su verdadero entendimiento.

 

Éste es el momento de demostrar matemáticamente lo que significa Dios en nosotros, porque si al multiplicar el cero por cualquier cosa, el resultado es cero y sabiendo que nuestro valor relativo respecto al Absoluto es cero, se demuestra que nosotros sin Dios no valemos nada. Pero Dios no es relativo y matemáticamente es lo único que representa algún valor, por lo que sabiendo que al dividir cualquier valor entre cero es infinito, que es un valor absoluto, demostramos matemáticamente que Dios en nosotros, nos convierte en seres absolutos.

 


 

¡La Nueva Naturaleza!

 

 

¡La conciencia del Amor!

 

Reconsideremos el valor de nuestra propia creación y el amor que Dios tiene por nosotros, tanto amor que entregó su vida en un acto tremendo, tan inmenso como todo el Universo pero mucho más valioso para Dios, porque en el amor es donde se encuentra la verdadera naturaleza de nuestro Creador y el significado del verbo que dio origen a toda la creación; porque el amor es la esencia de la vida y al hacer conciencia de su significado es lo único que representa algo valioso y bueno en el entendimiento, como está escrito “en el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios, y el verbo se hizo carne y habitó entre los hombres y se sacrificó a sí mismo por amor de su nombre”. Y también dice “cuanto amó Dios al mundo, que aun cuando éramos pecadores y estábamos condenados por causa de la desobediencia, Dios entregó a su Hijo unigénito en sacrificio vivo, para que no nos perdamos sino tengamos vida eterna”. Por lo que para nosotros los que por su amor y su sacrificio fuimos llamados a ser hijos de Dios, también es lo verdaderamente valioso.

 

Porque hasta ahora hemos considerado como el único indicio de vida el reflejo de las actividades fisiológicas, cuando con el entendimiento podemos hacer conciencia de nuestro cuerpo espiritual, comprendiendo en el ejercicio del amor y la verdad, la vida consciente de nuestro espíritu, del cual se desprenden la paz y el gozo como la expresión inequívoca de la esperanza que hemos alcanzado, sabiendo que eso que sentimos no es producto de la imaginación, sino el corazón que late de nuestro cuerpo espiritual en nuestro entendimiento.

 

El amor que emana del Espíritu de Dios es sin duda su poder y su gloria, no existe nada de lo creado que pueda compararse con la experiencia de sentir el amor de Dios vivo en nuestro corazón, “fluyendo como ríos de agua viva en nuestro entendimiento”, en pro de una existencia agradable y perfecta; comprender el amor que proviene del absoluto y eterno Dios le da sentido a la definición que dicta, “el amor todo lo puede, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, nunca deja de ser, no hace nada indebido, no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad, pasarán los cielos y la tierra pero el amor no pasará”, y esto sólo se comprende cuando el amor proviene del Espíritu, “no de la razón”, pues el amor de Dios va más allá de todo entendimiento porque es la fuente del entendimiento, ya que el infinito amor de Dios es su poder y su gloria.

 

Todo se resume al entendimiento, ya no es necesario sacrificio alguno, todo está consumado, lo único que quedaba velado “el misterio de Dios”, comienza a develarse al comprender su verdadera naturaleza, para que todos esos actos de fe que se hicieron para nuestra salvación, sean comprendidos por nosotros y no sólo sean una serie de actos dramáticos que exalten la culpa antes que el entendimiento, para que nuestro propio espíritu, nuestro Cristo que es el hijo de Dios, resucite en nosotros y ya no estemos condenados por nuestros pecados, naciendo a una nueva vida espiritual llena de amor, ya que con el entendimiento en la conciencia, la esencia de nuestros actos cobre el valor trascendente y eterno que tienen en la intención.

 

Dios es amor, de donde emana la ley espiritual y los profetas, que se traduce en dos mandamientos, “amarás al señor tu Dios con todas tus fuerzas, con toda tu alma y con todo tu entendimiento” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, ¿Por qué no mencionar el amor hacia uno mismo como un mandamiento? Porque el lugar de Dios es uno mismo, porque si Dios no vive en mí solamente puedo ser el siervo de alguien que no soy yo, lo que me haría si es que sirvo a Dios un buen siervo sin esperanza, pero como Dios es en mí, entonces el siervo es mi ser relativo, mi expresión y al único que sirvo es a Dios, porque mi alma que ahora por el perdón y la reconciliación vive en el Espíritu de Dios, es la dueña de mi voluntad, “soy siervo de Dios en mi cuerpo material, hijo legítimo de Dios en mi cuerpo espiritual”, así que amar a Dios es por necesidad amarse a uno mismo, lo que en verdad es reconfortante y nada oneroso, por lo que ahora también entiendo el segundo mandamiento que es amar a mi prójimo como a mí mismo, no es ser siervo de otro, no es un sacrificio, ¡es amar!, para que sirviendo a Dios tengamos misericordia de los hombres, de todos aquellos que no han alcanzado la esperanza para la que fueron creados, servir a otro es oneroso, servir a mi Espíritu, el que me hace vivir verdaderamente, es gratificante, si ayudo a otro es amarme a mí mismo, porque mi lucha es por un bien mucho mayor en la eternidad, ahora servimos al Espíritu que es lo único valioso y trascendente, por lo que no nos es difícil poner nuestros miembros al servicio del amor y la justicia, Dios quiere misericordia no sacrificio y Dios en nosotros es la única razón que queda, todo lo demás por lo que luchaba parece perder sentido, ya puedo vivir y morir en paz, sabiendo que entonces conoceré como fui conocido, Dios es en mí y yo soy en Él y somos uno, ésa es la verdad, ésa es mi vida y mi esperanza.

 

El amor es sin duda la mejor intención, y la expresión innegable de la vida espiritual es amar conscientemente, así como Dios nos ha amado y nos ha enseñado con su ejemplo, dejemos que ése infinito amor se manifieste en nosotros como nuestra nueva naturaleza, pongamos nuestros miembros mortales al servicio del amor y la justicia, que es nuestro culto racional, reflejo de nuestra nueva vida espiritual, para la gloria de Dios, para vida eterna y paz.

 

 

¡La reconciliación!

 

Hablar de reconciliarnos con Dios es hablar de religión, de religarnos con Dios, sin embargo la religión ha sido históricamente la fuente más poderosa de odio entre los seres humanos, y en vez de ser la fuente del conocimiento para reconciliar nuestras almas con Dios, se ha convertido en un paliativo y en un sugestivo más, en un pretexto para mostrar el odio que tiene origen en las más superficiales diferencias y esto es algo que el mundo teme.

 

Estos seres humanos que usan la religión como pretexto para sus crímenes, diciendo que “sirven” a Dios, piensan que hacen lo correcto al tratar de servirlo de la manera que lo hacen, sin embargo Dios no quiere siervos, sino hijos que vivan conscientemente la realidad de la vida espiritual, como está escrito “el siervo no permanece para siempre en la casa de su señor, más el hijo permanece para siempre”. Estos siervos de Dios, imaginan cuál es su voluntad, pero sin el entendimiento del amor absoluto del Creador, yerran en sus juicios y se condenan en sus actos, pero no están menos equivocados los que juzgan sin violencia física, ya que la religión no está hecha para juzgar a nadie, ya que cualquier juicio para condenar a otro es un acto apartado de la voluntad de Dios, que tiene en el amor y la verdad por el entendimiento, las únicas armas de la fe, nunca el juicio y la condenación, para eso ya cada uno tiene su propia conciencia.

 

La reconciliación de nuestro ser, debe transformar nuestra propia alma, en un acto de íntima y profunda reflexión, desde la conciencia de nuestro propio espíritu, destapando todo aquello que ha quedado latente en el inconsciente al borde de la ira y del terror, para que con éste conocimiento entendamos la razón del dolor y la verdadera solución que hemos encontrado; la lucha por recuperar la cordura y el valor, es una lucha interna que pasa por la recapitulación de aquello que ha marcado nuestras vidas por no haber sabido lo que somos en espíritu y verdad; para que al haber resuelto éste dilema podamos también aportar nuestra sensatez a los problemas de la sociedad y de la cultura, dejando de idolatrar a la expresión, transformando éste mundo impío en la gloria del entendimiento humano, porque así como no teníamos justificación para nuestros actos delante de nosotros mismos y estábamos condenados, tampoco tenemos como sociedad ninguna justificación para hacer lo que nos condena, por lo que sin demora alguna participemos conscientes de que sabemos lo que nos conviene en el devenir de la historia, para que quede huella del bien y la misericordia que hemos alcanzado en el Espíritu del Dios.

 

 

¡El misterio tiene que ser revelado!

 

La metáfora era antes de la ciencia, y la definición es ahora la forma de transmitir las verdades universales y el entendimiento, pero cuando la ciencia por falta de conocimiento sentó unas bases limitadas al no haber discernido el alma y el espíritu, por no poder comprender la diferencia entre lo absoluto y lo relativo, nuestro entendimiento se vio imposibilitado para comprender nuestra razón de ser y de existir, fuimos vanidad sin esperanza, pero Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos ha revelado su misterio, Dios es absoluto y nos creó para engendrarse en nosotros y tener hijos que vivieran la vida espiritual y eterna, expresando a través del Amor su verdadera naturaleza, entendiendo al fin por la verdad absoluta del Creador, la diferencia entre el alma y el espíritu, porque como está escrito, “la verdad es como una espada de dos filos capaz de discernir el alma y el espíritu”.

 

El misterio de Dios tiene que ser revelado a partir de su definición, para que pase a ser parte del conocimiento universal, usando ésta definición del Absoluto como el punto en que se apoye nuestro entendimiento, porque conocer a Dios es útil para todas las religiones y para la ciencia. ¿Quién no está interesado en conocer al único Dios verdadero, el único Dios absoluto y eterno, el único Creador?, y más aún ¿quién no quiere ser hijo de Dios?

 

Éste conocimiento es la esperanza que la ciencia espera, que hasta ahora no tenía ninguna razón para suponer que podíamos trascender de algún modo, su conocimiento y esperanza eran tan vanos, como su entendimiento.

 

A las iglesias les resuelve el misterio de la fe, al comprender el significado de las metáforas que antes sólo podían usar para condenar, para entender lo que realmente quiere Dios, quien ya no es incognoscible e inalcanzable, usando éste conocimiento para educar a sus miembros con toda sabiduría y entendimiento, porque:

 

·    Unas iglesias al no tener el conocimiento para convencer por medio del entendimiento a sus miembros de hacer lo que es bueno, terminan juzgándolos y juzgando a los demás.

·    Otras iglesias que no conocen al Dios absoluto y eterno, les dan ídolos.

·    Otras más al no conocer el amor y la misericordia de Dios, sólo les dan motivos para ser unas terribles bestias, capaces de cometer actos injustificables para él Espíritu pero justificados por la religión.

·    Algunas otras que al inculcar el temor por la condenación, sólo les dan motivos para ser unos buenos siervos pero no se consideran hijos de Dios, pues no lo conocen ni lo entienden.

·    Hay las que al tener su esperanza en el cuerpo material, creen en la rencarnación, con la vana esperanza de ser esos mismos seres relativos, que no pueden tener esperanza ya que lo relativo para morir nace y no puede trascender, lo que también es desesperanzador.

·    Muchas hacen acepción de personas argumentando su raza, género o “éxito superficial” (fama, fortuna, fanatismo de sus miembros, cosas aparentes que los distingan de los demás), como la muestra de la bendición de Dios sin comprender su soberbia y su destino.

·    Y también están los que ni siquiera creen en Dios, que no dejan de ser su creación y Dios no deja de estar interesado en su salvación.

·    Con éste entendimiento todas las iglesias pueden adorar al único Dios verdadero, dejando de observar sus diferencias relativas para coincidir en la verdad Absoluta del cuerpo espiritual, nuestro Hijo de Dios, nuestro Cristo, porque conociendo a Dios, podemos manifestar conscientemente la vida espiritual en el amor por los demás.

 

El misterio de Dios tiene que ser revelado, la inteligencia del hombre tiene que culminar conociendo a Dios ¿Qué otro propósito puede tener la razón? Que por medio del entendimiento conozcamos a Dios y sí inteligentemente conocemos a Dios, sabiamente aborrezcamos el mal, porque el temor al conocer a Dios, es que nuestro prójimo por causa nuestra sea lastimado, en lugar de que encuentre en nuestras palabras y nuestros testimonios, el amor y la verdad que busca su alma, como está escrito “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que salga de la boca del Altísimo”, siendo nosotros los que conocemos a Dios, su expresión.

 

 

¡Una nueva Filosofía!

 

El capitalismo que tiene como premisa la acumulación del capital, no considera al hombre como parte de su haber, sino solamente lo considera un recurso renovable, consideremos al ser humano como el principal valor y su entorno parte de su propio ser, para crear una nueva Filosofía en la que cada uno de los seres humanos, seamos algo más que máquinas inteligentes que desean conseguir la supremacía por las apariencias, para que con éste conocimiento, seamos el fin de todos los esfuerzos que en conjunto tuviera nuestra especie, como la expresión consciente de la esencia misma de las cosas y no sólo la muestra fehaciente de la vanidad sin esperanza, que hasta ahora hemos mostrado.

 

Es hora de reconsiderar a la expresión como un fin y no como un principio, estableciendo que lo sublime de un fin nunca justifica a su autor, sino que la intención del mismo acto es el que verdaderamente nutre al alma, porque esos actos sublimes bien podemos considerarlos como regalos de Dios para los que lo amamos y bien pueden ser pura vanidad para los que los hacen, y actos que otros pudieran considerar como insignificantes podrían ser trascendentales y dignos de toda gloria en el espíritu, para aquellos que los realizan.

 

No nos dejemos engañar por lo que ven nuestros ojos en las obras materiales y abramos los ojos del entendimiento para alcanzar la gloria eterna, ¿quién en sus cabales podrá negar el valor de éste conocimiento y reconsiderar toda su existencia en función de lo eterno? pero no va a ser fácil, el dios de éste mundo “la vanidad y el dinero”, tienen a muchos atrapados en sus redes y es francamente difícil que hallen el entendimiento. Como está escrito, “muchos querrán morir (a su vanidad) y no podrán”, ésta lucha está por empezar, lo único que tengo por seguro es quien va a vencer, porque Dios es la verdad que necesita nuestra alma para entender su propósito y destino, como está escrito, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” y al final es seguro que todos doblaremos nuestras rodillas al creador, aún aquellos que no puedan salvarle la vida a su propia alma.

 

El lenguaje universal de la ciencia tiene que proveer la solución al misterio de Dios y a su vez fundamentar la transformación de nuestros principios y valores, dándole al humanismo una nueva forma de resolver los problemas del hombre, en base a la buena conciencia y no con paliativos o sugestivos que nada resuelven, reconsiderando el valor de ésta vida relativa que parece tan importante y que en verdad no puede trascender, consideremos “la vida eterna” como la fuente de la esperanza que nos dé la tranquilidad para transitar por éste mundo, para alcanzar nuestro verdadero destino con Dios y en Dios en la eternidad.

 

 

 

¡La expresión de la vida!

 

Nuestra reconciliación representa mucho más para la expresión material de lo que suponemos, porque hasta ahora hablamos de la vida eterna, pero ¿tiene algún sentido nuestra vida temporal o tenemos que acortarla a partir de entender que nacimos para ser como Dios? ¿No será más bien cambiar la expresión de las cosas en algo valioso y trascendente por su esencia y hacer de nuestra expresión en esencia algo agradable y perfecto, algo digno de considerarse como una expresión de Dios?

 

Esta vida no puede ser un simple trámite, tiene que ser el inicio de todo lo bueno que pueda existir, si alguien piensa que la vida es aburrida si no se rompen las reglas o se violan las leyes, no ha entendido nada; no hay nada más agradable que vivir haciendo las cosas sin cargos de conciencia, no hay nada más gratificante que usar toda nuestra creatividad e inteligencia en hacer de éste mundo algo digno para la vida, es un gran reto el hacernos responsables de lo que somos y de lo que tenemos, pero hemos perdido el tiempo miserablemente, hemos sido unas bestias delante de Dios y los gobiernos han sido bestias de muchas cabezas buscando la supremacía por lo relativo, sacrificando la verdad y la vida en pro de una falsa imagen de triunfo y gloria.

 

Seguimos siendo en la carne estos mismos seres limitados, intrascendentes, sin esperanza y nuestras almas han estado sujetas a la vanidad por la ignorancia y por el pecado, ¿cuánto hemos sufrido y llorado?, ¿cuánto tiempo más tiene que pasar para reconciliarnos con nuestro Creador y hacernos responsables ya no como criaturas sino como hijos, de lo que nuestro Padre ha creado para nuestra recreación?

 

La expresión es sin duda importante para nosotros y ésta vida es la oportunidad que tenemos para hacer de nuestras obras algo que nos llene de orgullo, pero sobre todo que glorifique a Dios y a su hijo en nosotros, porque nosotros fuimos creados para llegar a ser engendrados por Dios, pero nuestro cuerpo material que sigue siendo nuestro, tiene que ser ahora puesto al servicio de la verdad y la vida; la belleza no puede seguir siendo la expresión del egoísmo, sino que trascendiendo a las formas, la expresión de nuestra especie tiene que ser una hermosura, tenemos que encontrar la forma de integrar a la mitad del mundo a una existencia digna y a la otra mitad del mundo a una existencia noble, sabiendo que la nobleza no debe ser una simple expresión, sino la muestra más clara de la vida que ahora representamos.

 

Llegará el día en que todos conoceremos a Dios y no será necesario decir conoce a Dios, porque todos lo conoceremos, ahora tenemos los argumentos “Todo es Absoluto”, “Dios es Absoluto”, ésta es la verdad, dejemos de ser las bestias inteligentes que hemos sido, porque si sólo somos bestias que viven para lo relativo, ¿qué hacemos? sino la voluntad de quien nos creó, ¿pero qué esperanza es esa?, como está escrito “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el señor no envió, de la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno, de que se lamenta el hombre viviente?, laméntese el hombre en su pecado”. Entonces es cuando entiendo que sin Dios, somos la peor plaga que ha pisado la tierra, capaz sin duda alguna de destruir al mundo y a nosotros mismos, somos un peligro que hay que erradicar y sólo hay dos opciones, la opción fatalista del exterminio del animal humano o el nacimiento en nosotros de una nueva criatura que viva y reine en éste mundo, ésa nueva criatura tenemos que ser nosotros, que oportunidad tan grande, que salvación tan plena, la de nuestra alma y la de la creación; cambiar el destino incierto por la certeza de nuestras intenciones, ¿qué más necesitamos para conocer el destino que nos espera y que le espera al mundo?, sabiendo que aquí estamos nosotros para hacer resplandecer la gloria del Dios viviente en su creación.

 

Dejemos de imaginar que podemos ser diferentes, la utopía ha dejado de ser, todas las cosas son hechas nuevas, no sólo somos distintos en nuestra imaginación, nosotros los que renacemos al Espíritu somos nuevas criaturas, templos vivientes en el cuerpo animal, hijos legítimos de Dios en el cuerpo espiritual; ahora comienza la verdadera lucha espiritual, porque la voluntad de Dios es que ninguno se pierda sino que todos lo conozcamos, seamos reconciliados y tengamos vida eterna, porque como está escrito, “el continuo clamor de las criaturas espera, la manifestación gloriosa de los hijos de Dios”, del Dios de amor y de misericordia, para que llenos de su Espíritu mostremos la piedad y la vida a toda su creación, tenemos que someter a la bestia que habita en nosotros a la voluntad de Dios, para que glorifiquen al hijo de Dios (su propio espíritu) en sus propios cuerpos mortales, para honra y gloria de su nombre; todo aquel que entienda haga su parte, ya no hay duda razonable tenemos la certeza y la convicción de nuestra parte, Dios es Absoluto y eterno, Dios es amor y verdad, Dios es justo y bueno, y nosotros los que lo conocemos somos sus hijos, espíritu de su Espíritu, Él es en nosotros y nosotros en Él y somos uno. Él es nuestra vida y fuera de Él nada somos.

 

Adoremos a Dios con nuestros testimonios y nuestras obras, en actos de una conciencia plena; así al reconsiderar el valor de la esencia misma de las cosas podamos entender el fin de nuestros actos, lo que no condena las obras de nuestras manos sino que les da un nuevo sentido, una nueva dirección ya que la filosofía de éste mundo tiene como fin la supremacía aparente antes que la gloria eterna, vano esfuerzo el nuestro al querer alcanzar por la apariencia de nuestras obras un fin digno, no hay nada más indigno que la vanidad y el egoísmo, pero “el fruto del espíritu es amor, paz, gozo, bondad, benignidad, mansedumbre, templanza y fe”, lo que podría sin lugar a dudas hacer de nuestras obras algo digno y valioso para nuestra vida eterna, si así fuésemos nosotros.

 

 

¡Dios en nosotros!

 

La conciencia de nuestro espíritu, que en otro tiempo fue una carga insostenible, debe ser la reconfortante muestra de nuestra nueva naturaleza, ya que en la toma de decisiones hemos de considerar la esencia antes que la apariencia, siendo la paz y el gozo (la felicidad) la consecuencia lógica de la vida espiritual; porque la felicidad no es otra cosa que sentir paz y gozo en medio de la adversidad o en los momentos de alegría, al expresar el amor y la verdad con la que hemos sido engendrados, para que con las armas de nuestro entendimiento hagamos con toda benignidad, mansedumbre, templanza y fe lo que nos corresponde, para que podamos decir confiados, “si Dios conmigo ¿quién contra nosotros?”.

 

Ahora con el espíritu vivo entendamos la libertad que hemos alcanzado, para dejar de tener una doble moral y seamos hijos de Dios todo el tiempo, porque es muy fácil dedicar un tiempo para la iglesia y otro tiempo para el mundo, pero ésa forma de ser no es más que la muestra de la ignorancia de la vida espiritual, que ya no es ajena en ningún momento; ahora la iglesia de Dios está en todas partes para los que somos sus hijos y nos congregamos en todos los lugares a los que vamos, porque el templo siempre va con nosotros, lo que nos permite hacernos responsables de nuestros actos porque entendemos la diferencia entre lo bueno y lo malo, por lo que podemos hacer lo que nos plazca, como está escrito, “todo nos es permitido, pero no todo nos conviene”; “todo nos es licito, pero no todo nos edifica”; “todo nos es permitido, pero nada de lo que hacemos se enseñorea de nuestra voluntad”, y esto es posible porque hemos recuperado la inocencia, hemos renacido a nuestro espíritu, que ahora vive y reina en nuestro entendimiento (lo que también se puede interpretar como que Cristo vive en nuestro corazón), lo que nos brinda la verdadera libertad al hacernos responsables de nuestros actos, en el ejercicio de nuestra voluntad y libre albedrío, y es nuestra razón la que da fe de ésa vida espiritual, porque somos inocentes en la malicia pero sabios en el entendimiento, nos podemos equivocar en la dirección, en la razón, en la forma, pero nunca en la intención, sabiendo que Dios nuestro padre está atento a lo que nosotros no podemos controlar.

 

Tenemos ahora la responsabilidad de ser de un perfecto corazón para con Dios, por lo que debemos estar conscientes en todo momento, esforzándonos en decidir correctamente hasta no tener que arrepentirnos de lo que hacemos, dejando de ser niños en el entendimiento de Dios.

 

La responsabilidad de nuestra vida espiritual es la verdadera libertad a la que podemos aspirar, porque hay quien teme hacerse responsable de sus actos lo cual muestra su desconocimiento, (como ya observamos el hombre teme a lo que no conoce) y entendamos que sabiendo el significado y el valor de nuestro propio espíritu, éste es el que fundamenta nuestra razón y nuestro que hacer, por lo que sin temor alguno enfrentemos la vida conscientes de que sabemos lo que nos conviene, entendemos lo que nos edifica y nuestro espíritu es el que se enseñorea de nuestra voluntad, por lo que nuestras obras son la expresión de la vida que ahora representamos. La libertad sin responsabilidad es libertinaje y termina por corromper nuestros actos, la responsabilidad sin libertad es esclavitud, pero para que haya una verdadera responsabilidad tiene que existir el conocimiento que nos brinde la seguridad de que eso que hacemos es lo correcto, por lo que no debemos menospreciar las razones de Dios, que a través de nuestro propio espíritu manifiesta en nuestra conciencia por su amor. Como está escrito, “en el perfecto amor, no hay temor, porque el perfecto amor echa afuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo, donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor”.

 

Nuestra escala de valores, con el fundamento del Dios Omnipotente, Omnipresente y Omnisciente tiene que brindarnos la seguridad de nuestra vida y de nuestra obra, dejemos de temerle al mundo, como está escrito, “¿por qué le tienes miedo al hombre que solo puede matarte el cuerpo?, ten miedo de aquel que puede llevarte a la segunda muerte” (que es desobedecer a su propia conciencia espiritual), por lo que es nuestra responsabilidad discernir el bien y el mal de nuestros pensamientos, porque el ojo no se cansa de ver ni el oído de oír, pero sí podemos desechar lo malo y tomar lo bueno para nuestra conciencia, porque sabemos que Dios está preparando nuestra habitación celestial hecha de su Espíritu para la eternidad, cuando sin el conocimiento de Dios, somos nosotros los que construimos nuestro propio infierno.

 

Dejemos de temerle a Dios sabiendo que el conocimiento que hemos adquirido de Él nadie nos lo puede quitar, porque es nuestro, quien puede venir ahora a refutar lo que aquí hemos demostrado, porque como está escrito para los que hemos alcanzado éste entendimiento, “ni la vida, ni la muerte, ni el presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni nada de lo creado podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús (nuestro espíritu resucitado por el sacrificio de Jesús), nuestro Señor”.

 

Todo lo que aquí explico, está escrito en la Biblia y con éste fundamento todas esas metáforas tienen un sentido claro y preciso, para que entendiendo su verdadero significado, la Biblia sea el texto que les pueda orientar mejor.

 

 

 

RESUMEN

 

La ciencia ha considerado que todo lo que existe es relativo y la premisa de “nada es absoluto, todo es relativo” es la que dicta en la conciencia qué a ciencia cierta lo absoluto no existe, sin embargo sí existe y como ya observamos sabiendo que el cero es la expresión matemática de la “nada”, con ésta consideración pudimos demostrar que el cero es un concepto absoluto y como al pretender obtener algo del cero obtenemos absolutamente nada, concluimos también que la nada no puede ser el origen del Universo. También demostramos que en el Universo ése inmenso espacio que existe entre las galaxias, entre las estrellas, entre los átomos e infinitamente fuera del mismo, no puede ser nada, porque el cero no puede representar nada objetivo sólo puede representar un punto en el Universo, por lo que ése inmenso espacio está lleno del Todo absoluto y eterno que es Dios.

 

Suponer que nuestro origen es la nada es lógicamente erróneo, ésta premisa no puede ser cierta, lo que también nos da la pauta para comenzar a develar el misterio de lo contrario de la nada que es “Dios”, que es absoluto porque no tiene parámetros, porque los parámetros que rigen al Universo comenzando por el tiempo y el espacio surgieron de Él, hasta el Universo integro en lo objetivo y lo subjetivo surgen y están inmersos dentro de Él como su expresión. Por lo tanto concluimos que “nada es absoluto y Todo es Absoluto”, con mayúsculas para acentuar que no es una característica del Universo, sino que es el Todo como entidad absoluta y trascendente; pero ¿Qué es ésta entidad Absoluta, que es en sí misma? si lo relativo proviene de lo absoluto, la expresión relativa proviene de la intención absoluta, que es la esencia misma de las cosas; la esencia de la creación que se traduce en la intención del creador que es el Amor de Dios (la vida del creador), porque su vida es el verbo que da origen a toda la expresión que es el Universo. El Amor (que es la esencia de Dios), es absoluto y eterno por definición, ya que no tiene parámetros ni limites, porque es Dios mismo, es el Todo. Un único Dios porque es Absoluto, Creador de lo subjetivo y objetivo como una expresión de su ser, del que no podemos hacer imágenes porque no es relativo; omnipotente creador del Universo, omnipresente pues está en todas partes y omnisciente pues su voluntad y su sabiduría rigen al Universo, que no es abstracto sino que se concreta en obras por las leyes y principios que lo rigen. De Dios emana la vida y nada puede tener sentido sin su existencia.

 

¡Dios existe!, ¿de qué sirve para nuestra vida saber que Dios existe?

 

La vida para cada uno de nosotros es en lo personal lo que conocemos, no somos más que lo que sabemos, entendemos y estamos conscientes de ello, de donde inclusive nos recreamos en la imaginación, pero esta imaginación no puede considerar más que a los parámetros de su entendimiento; así hemos podido imaginar a Dios relativamente, porque a ciencia cierta no había absolutos y si solamente hemos considerado lo relativo para nuestro entendimiento, ¿por qué suponemos que podemos trascender de algún modo?, si la expresión más grandiosa que conocemos es el Universo que es finito e intrascendente, nuestra trascendencia se limitaría a unas cuantas obras que quedarían en la memoria de algunos o en el apellido de nuestros hijos; que esperanza tan vana y después de ésta reflexión ¿por qué nos sorprendemos de nuestra forma de vida?, si ésa es nuestra esperanza queremos vivirlo todo, experimentarlo todo, aunque tengamos que pagar en nuestra conciencia las consecuencias, de cualquier forma lo relativo no es eterno y si sólo somos relativos no podemos trascender.

 

Por lo que nos planteamos la pregunta ¿cómo es que conocer lo trascendente puede hacernos trascender si somos seres relativos?, ¿que acaso el cuerpo relativo puede ser trascendente o es que existe un cuerpo trascendente que no conocemos? y concluimos que tenemos un cuerpo relativo que hemos conocido a través de los sentidos al hacer conciencia de los mismos, éste cuerpo que nos muestra al Universo relativo; pero también tenemos un cuerpo subjetivo trascendente, nuestro cuerpo espiritual latente, que no podemos considerar que está vivo porque no lo conocemos, pero que si sentimos aunque tampoco entendemos lo que sentimos de él, que es nuestro espíritu.

 

Ahora sabiendo que lo trascendente sí existe, que en nosotros es nuestro propio espíritu, podemos hacer conciencia de éste espíritu que es engendrado del Espíritu de Dios, porque es su propia esencia, para que podamos conocerlo y ya que conocer es vivir (siendo Dios absoluto y eterno), entonces conocer a Dios es la vida eterna. Ésa es nuestra esperanza, para que al estar conscientes de nuestro cuerpo trascendental, engendrado del Espíritu de Dios, sea nuestra nueva vida por el entendimiento, dejando de buscar en lo relativo las respuestas a nuestras plegarias.

 

Porque la búsqueda de la realización en las cosas hechas expresa la falta de sentido que tiene nuestra vida, ¿qué sentido puede tener la vida cuando la expresión trata de sustentarse a sí misma? Las obras carecen totalmente de sentido si el fundamento es la expresión, porque la expresión por sí misma no puede trascender porque es relativa, porque para que ésta expresión tenga sentido debe tener un fundamento distinto que cumpla con la característica de ser trascendente, lo que de nuestros actos debería ser la misma esencia de quien nos creó, esencia que si fundamentara nuestras expresiones le daría sentido a nuestra vida.

 

Porque si el fundamento de nuestra vida, es la expresión material que es vana, ésa vanidad fundamentará nuestra intención que se traducirá en nuestra esencia, que ya no sería trascendente sino relativa, egoísta y sin sentido, lo que demuestra que los deseos de la carne que ven en las obras la razón de ser, van en contra de los deseos del espíritu que desean por medio del bien y la misericordia trascender, ya que ésta expresión es solamente la oportunidad de expresar la esencia misma de la creación de Dios que es el amor, que si nos fundamenta al mismo tiempo nos llena de paz y gozo, lo que es muestra de la vida espiritual, que no necesariamente es nuestra vida, a menos que estuviéramos conscientes de que eso que sentimos es el resultado de la expresión de nuestra vida espiritual.

 

Sin el conocimiento del Absoluto la expresión carece totalmente de sentido y en realidad lo que manifiesta es un clamor por la desolación, la incertidumbre y la desesperanza de su existir. ¿Quién dijo? que “no sólo de pan vivirá el hombre”, por lo que el conocimiento de las razones de Dios son lo que nutre al alma, para tener la esperanza de trascender junto con lo único trascendente que es Dios, por lo que el conocimiento de Dios es sin duda la vida eterna.

 

Lo que sentimos de éste cuerpo espiritual es la voz de Dios, ya que ésta hecho del Espíritu de Dios que es su misma esencia, ésta esencia nos acusa o nos excusa en nuestra toma de decisiones ya que reconoce las verdaderas intenciones de nuestro corazón “que es nuestra voluntad”, que como ya vimos las intenciones que tienen su origen en la expresión, son necesariamente contrarias a la voluntad del Absoluto, porque la expresión es vana y no puede sustentarse a sí misma.

 

Sin embargo la conciencia espiritual no la consideramos como nuestra ya que sólo vivimos para la carne mientras que sea la única vida que reconocemos en el entendimiento, así que nuestro cuerpo espiritual que tiene latente para nuestro entendimiento la vida eterna, por medio de la trasgresión por la rebeldía hacia nuestra conciencia, se convirtió en muerte latente para nuestra propia alma, lo que también es un obstáculo para que podamos vivir en el entendimiento a ésa nueva vida eterna en Dios.

 

Lo que nos lleva a pensar en cómo reconciliarnos con el Absoluto, porque al momento de conocerlo la carga en la conciencia que antes podíamos tratar de mitigar con paliativos y justificar con vanidades, se convierte en una carga insostenible; lo que también nos demuestra que el hombre que fue creado para reinar sobre la tierra es sin la vida espiritual la peor bestia, la peor plaga que haya existido jamás, porque no podemos resistirnos a la rebeldía (lo que podemos llamar pecado), porque sin el entendimiento sólo podemos considerar a la conciencia espiritual como un estorbo que nos limita y nos condena, y nunca como nuestra voluntad, de cualquier forma no la conocemos y no la podemos considerar como parte de nuestro ser.

 

Así que habiendo sido destituidos de la gloria venidera por causa de nuestras rebeliones y teniendo como única esperanza la muerte porque sin esperanza de vida eterna “para morir nacimos”, nos convertimos de la gloria de la creación en la bestia más terrible y en la plaga que ahora somos.

 

¿Entonces el Absoluto es malo?, ¿Dios el creador del cielo y de la tierra nos creó para la ignominia y la maldad? Dios sigue siendo bueno, porque si fuera malo no nos sentiríamos mal al desobedecer su voluntad, en realidad no le hacemos mal a Dios a los únicos que lastimamos es a nosotros mismos.

 

Dios nos creó a su imagen y semejanza pero no en lo objetivo, sino en lo subjetivo, porque Dios es Absoluto y solamente en lo subjetivo podíamos ser creados a su imagen y semejanza, por eso tenemos la capacidad de crear como Él, pero el problema es que no nos creó para ser solamente semejantes a Él, si ése hubiera sido el objetivo sería tan intrascendente que no tendríamos importancia para Dios, pero lo que en verdad quiere es que seamos como Él es, por eso nos dio también nuestro cuerpo espiritual en el cual está latente nuestra vida eterna, espíritu hecho del Espíritu de Dios que es su esencia y su vida, nuestro propio Cristo pero que solamente a través del entendimiento podemos vivir, y que por causa de nuestra desobediencia se ha convertido en la muerte latente para nuestra alma, y no teniendo por nuestros medios forma alguna con la que podamos reconciliarnos con nosotros mismos y con Dios estamos condenados.

 

Por lo que no habiendo posibilidad alguna para el hombre de que por sus propias obras pueda reconciliarse con el Absoluto, Dios mismo nos proveyó un sacrificio vivo y agradable a Él mismo, por medio del cual podamos nosotros ser reconciliados para vida eterna y paz, sacrificio que fue hecho en Jesús, sacrificio que a través de una metáfora Dios nos ha comunicado como se ha comunicado a través de la Biblia. Jesús que conociendo a Dios declaró su vida eterna y su gloria, sacrificándose a sí mismo para la reconciliación de nuestras almas, para que vivamos al Espíritu de Dios como hijos, el primero de muchos que ahora por medio del entendimiento podemos también vivir para ser llamados hijos suyos, arrepintiéndonos de nuestros pecados, sabiendo que por medio de su sacrificio como Hijo se ganó el derecho de ser llamado Jesucristo “Cristo Jesús” nuestro salvador, ya que por medio de éste sacrificio somos perdonados y podemos acercarnos confiadamente a Dios, para renacer en nuestro cuerpo espiritual a la verdad y la vida, y ésa conciencia que antes nos condenaba es ahora en nuestro entendimiento la esencia misma de nuestros actos, sabiendo que la vida que ahora tenemos trasciende a toda expresión dándole por fin sentido y dignidad a nuestra vida, esto para los que ya hemos sido llamados a ser hijos de Dios y esto mismo para los que van a ser llamados con el mismo propósito.

 

Sabiendo que la vida espiritual que antes estaba latente en nuestro ser, no es una creación de Dios, sino es engendro del mismo Dios Absoluto en su Espíritu, pues no puede ser otro Espíritu, sino el mismo que ahora es nuestro Cristo vivo y resucitado, Dios es en nosotros y nosotros en Él y somos un solo espíritu con Dios, porque siendo Absoluto no puede ser otro.

 

Sacrifiquemos los deseos de la carne, ordenándolos de acuerdo a la esencia de nuestro espíritu vivo, por la conciencia en nuestro entendimiento de Dios y comportémonos de acuerdo a nuestra nueva naturaleza divina, que no es otra sino la naturaleza de nuestro Creador, que como hijos hemos adoptado, para gloria de nuestro padre absoluto y eterno que es Dios. Que la conciencia ya no sea una carga, ahora por el entendimiento de la esencia de la vida debe ser nuestra voluntad.

 

Ahora el amor de Dios por el entendimiento, ha de ser derramado en los corazones de los que hemos sido llamados a ser sus hijos y ahora por la revelación del misterio de Dios, toda la humanidad está llamada a conocerlo, porque llegará el día en que no será necesario decir conoce a Dios porque todos lo conoceremos, aún aquel que no pueda salvar la vida a su propia alma.

 

 

 

¡Recomendaciones!

 

Éste es en resumen, la definición del Absoluto y la trascendencia de conocer su significado, para que la ciencia que tiene en la definición la única herramienta válida para el entendimiento, reconozca a Dios como el creador y pueda al mismo tiempo llenar de esperanza a la humanidad, que también le dé a la religión la fe que había sido sustituida por los dogmas y las leyes que sólo habían hecho evidente al pecado y a la muerte, porque sin el conocimiento de Dios no puede haber vida eterna ni esperanza alguna.

 

También tenemos por medio de éste conocimiento la herramienta para que se descubra la verdad que encierran las metáforas escritas en la Biblia, que hablan del mismo Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente que aquí hemos definido y de la reconciliación por medio de Jesús para que por su sacrificio tengamos un nuevo nacimiento en nuestro espíritu para vida eterna y paz, éste libro no le aumenta ni una tilde a la verdad que la Biblia encierra en sus metáforas, sólo es la revelación del misterio que hacía falta para su entendimiento. Que Dios tenga misericordia de nosotros los que habitamos en el mundo, pero que ya no somos del mundo y nos permita ver su gloria en ésta existencia, que nos permita transformarnos de las terribles bestias, en los sagrados templos y que cambie nuestra vana manera de vivir, en los trascendentes seres eternos, hijos engendrados del único Dios verdadero por medio de Cristo.

 

La lucha por el entendimiento apenas comienza, lucha que no es contra carne ni sangre (el cuerpo material ni contra el alma), sino en contra del espíritu de éste mundo, porque la verdad absoluta que se encuentra en Dios, es como una espada de dos filos capaz de discernir el alma y el espíritu, con lo que por medio de la conciencia, distingamos correctamente las intenciones de nuestro corazón y tengamos en ésta verdad absoluta, el fundamento de nuestra fe, para que no sea por medio de la fuerza física sino por la fuerza de la razón en el entendimiento, que convenzamos a nuestros semejantes en la carne, de que sean nuestros hermanos en el Espíritu de Dios. Tampoco es en contra de ninguna iglesia, ya que estas instituciones fueron establecidas por Dios para el entendimiento, por lo que con éste esfuerzo sirvo a todo hombre que ha sido llamado al entendimiento sin excepción, ya que ninguno que busque a Dios de todo corazón va a ser despreciado por su Creador, pues todos fuimos concebidos con la misma conciencia y con la misma oportunidad.

 

Ésta no es una teoría, las teorías se dan en lo relativo, en el Absoluto sólo existe una posibilidad lo que demuestra su infalibilidad ya que solamente hay una respuesta razonable y cierta; así que sin duda alguna peleemos la buena batalla de la fe, sabiendo que somos más que vencedores ya que nuestro nombre está escrito en el libro de la vida; peleemos la buena batalla de la fe, con toda paciencia y constancia, deseando en todo momento que ésta vida que ahora llena nuestro entendimiento, sea en todos, porque la voluntad de Dios es que ninguno se pierda; llenemos al mundo de esperanza y buenas obras para la gloria del hombre, y de vida eterna y paz para la gloria de nuestro Padre Dios.

 

Que el sacrificio de Jesucristo sea para vida eterna, limpiando nuestras culpas, sabiendo que la vida que tiene es la misma que nosotros tenemos en nuestros entendimientos, que de ninguna manera es un chantaje ni una razón para sentirnos culpables, sino por el contrario, es el acto de vida y amor más grande que Dios ha hecho por nosotros, al darnos su propia vida. Entreguemos nosotros también nuestras vidas mortales al amor y la misericordia, para que nuestros cuerpos ya no sirvan más a la carne y la muerte, sino a la verdad y la vida.

 

Dios tenga misericordia de su creación multiplicando a sus hijos y nos deje ver su gloria por los siglos de los siglos amen.

 

 

 

Conclusiones

 

Éste es un libro de Ciencia, que establece con argumentos matemáticos y con razonamientos que no dan cabida a la suposición, el fundamento de sus aseveraciones, no se basa en los textos bíblicos, por el contrario éste es el fundamento para que esos textos tengan sustento científico, comprobando su veracidad, para que el conocimiento de Dios pase a ser parte del acervo cultural de la humanidad, porque hasta ahora la ciencia y la religión desconocían el vínculo que las hiciera entrar en un punto de acuerdo, vínculo que se ha revelado en éste libro, con la demostración de la existencia de Dios como entidad y el discernimiento de nuestro espíritu, como la parte esencial de nuestra existencia, para que al haber definido y entendido a nuestro creador y al haber discernido nuestro propio espíritu, hagamos conciencia de nuestro ser trascendente y aprendamos a vivir eternamente.

 

Con estos argumentos hemos podido resolver el misterio de Dios y al mismo tiempo revelar algunos enigmas que han estado ocultos para nuestro entendimiento, ya que:

 

ü  Demostramos Científicamente la existencia de Dios.

ü  Resolvimos el misterio de la religión, que es Dios.

ü  Explicamos la diferencia entre lo relativo y lo trascendente en nuestro propio ser.

ü  Entendimos la existencia de un cuerpo subjetivo trascendente en nosotros, con el que podemos vivir eternamente.

ü  Encontramos la verdadera razón de ser y de existir, nuestro propósito en éste mundo y destino eterno.

ü  Establecimos los argumentos para el convencimiento en la enseñanza de Dios.

ü  Reconocimos la razón por la que la humanidad no había conocido a Dios anteriormente.

ü  Entendimos el valor que tenemos para Dios.

ü  Valoramos el sacrificio de Jesús y comprendimos el mensaje metafórico para nuestra redención.

ü  Pero sobre todo, la verdadera naturaleza a la que hemos sido llamados a ser juntamente con Cristo Jesús, Hijos de Dios.

 

Por lo que debemos entender que es nuestra responsabilidad el compartir estas enseñanzas con quienes nos rodean, sea quien sea, porque ellos y nosotros somos de Dios.

 

Dios ha tenido a bien escogernos de entre su creación, para engendrarse en nosotros y seamos vasos de honra y de justicia en el cuerpo material e hijos legítimos en el cuerpo espiritual, por lo que tenemos que entender que nuestra compasión para con nuestros semejantes, es tener la misma misericordia que Dios ha tenido con nosotros y compartir lo que sin haber tenido que pagar el precio nos ha sido revelado, enseñando con toda paciencia y constancia las verdades espirituales, hasta alcanzar el conocimiento de Dios en los demás, llevando así nuestra salvación para vida eterna y paz a todo aquel que entienda, para lograr con éste entendimiento transformar al mundo, en ése paraíso terrenal primicias del que nos espera en la eternidad.

 

Dios existe y es absoluto nadie nos debe engañar.

   


 

Epilogo

 

Pensar que el hombre surgió de una serie de eventos fortuitos, es dejar nuestro destino a la suerte; pensar que somos obra de Dios, nos daría la posibilidad de ser algo más de lo que somos, algo distinto que nos diera esperanza de trascender de algún modo a esta forma de vida, porque el sólo hecho de conocer al Creador, nos abre la mente a una realidad distinta a la nuestra… que es la realidad de Dios. En la búsqueda de nuestra razón de ser y de existir, hemos descubierto que la realidad se puede representar de forma matemática, comprendiendo cómo se comporta, con lo que se ha deducido como puede comportarse matemáticamente y en base a ese entendimiento hemos transformado la realidad; pero solo hemos podido cambiar las apariencias, porque no hemos comprendido que la esencia es algo existente, y esto no se ha comprendido porque no habíamos conocido a Dios; por lo que puedo deducir que si llegamos a conocer a Dios, que es la esencia misma de la vida, entenderíamos que no somos obra de la suerte sino del Creador, y podríamos así como hemos cambiado la apariencia de las cosas con el entendimiento, transformar la esencia de las mismas con la misma razón, cambiando al mundo desde su esencia; también podría entender que así como lo que conocemos del mundo forma parte de nuestra existencia, conocer a Dios lo haría también parte de nosotros, porque el alma vive para lo que conoce y entiende. Con este entendimiento podemos imaginar una historia distinta mucho más apegada a la verdad, que sería ésta:

 

Dios tuvo la idea de concebir hijos, que fueran lo que Él es, para lo que creó al hombre como una semilla; lo creó cuerpo, alma y espíritu, siendo el cuerpo material la semilla desnuda en el que se pudiera expresar la vida y la muerte; le dio un alma nueva con la capacidad de conocer y decidir (su libre albedrío), lo que lo hacía un individuo; y le dio de su espíritu, un engendro suyo a este nuevo ser, para que cuando el alma conociera a ese espíritu, que es espíritu del Espíritu de Dios porque es un engendro suyo y es él mismo, hiciera conciencia de su existencia para despertar a la vida espiritual y sea un hijo legítimo de Dios, ya que conocer al espíritu que está latente en esa semilla que es el hombre, lo hace parte de su existencia; por lo que conocer al espíritu sería la razón del alma y ser hijos de Dios sería la razón de nuestro ser.

 

Nacemos con la capacidad de sentir y entender para conocer lo que somos, sentimos nuestro propio cuerpo material y podemos expresar nuestra voluntad sobre él cuando lo entendemos, también sentimos al espíritu como se siente al cuerpo, pero al no tener apariencia, es más difícil entender las razones por las que debiera considerar eso que se siente como algo importante, ya que el espíritu se expresa en el alma para que el alma se exprese en el cuerpo, pero como se conoce de lo superficial hacia lo esencial, de lo aparente a lo trascendente, de la nada hacia el todo, si ese entendimiento no se llega a completar o se trunca en algún momento, el alma no puede expresar lo que no es y no puede ser lo que no conoce ni entiende.

 

El alma siente a través de su propio espíritu, la voluntad de su propia esencia que es la voluntad de Dios, porque es su misma esencia y siente lo que va en contra de su voluntad; pero mientras no se entiendan las razones por las que siente esto o aquello, no puede entender lo que es el espíritu y aunque lo siente no representa nada de lo que existe para su entendimiento y no puede considerarlo más que como un yugo al hacer algo en contra de su voluntad, ya que mientras no lo conozca, ese espíritu ni forma parte de su existencia, ni forma parte de su ser.

 

Por lo que sentir la esencia que acusa o excusa nuestros actos a través de nuestro espíritu, nos brinda el poder entender la diferencia entre el bien y el mal, ya que al hacer conciencia de lo que sentimos del espíritu, fundamentamos el entendimiento de Dios, porque Dios nos da a entender las razones de lo que sentimos desde el espíritu que es la esencia misma de la vida, para que al entender esas sensaciones despertemos a la realidad de la vida espiritual, al hacer conciencia de su existencia para que pase a ser parte de nuestro ser y de nuestra vida real.

 

Conocemos de la nada hacia el todo, de lo superficial a lo esencial, de lo empírico a lo científico, lo que sentimos es el conocimiento empírico que fundamenta nuestra razón, por lo que el alma no tiene excusa cuando decide ir en contra de su propia esencia, que a través de la conciencia dicta cual es la voluntad de Dios; sin embargo el alma tiene otras facultades que le ayudan a aprender lo que es la vida, que son la memoria y la imaginación, por lo que imita los actos de los demás para aprender, y en base al comportamiento de los demás imagina como debe ser; en este proceso de aprendizaje no existe conciencia de las consecuencias de los actos por lo que mientras conservamos la inocencia no hay maldad, quien te educa es responsable de tus actos y de tu educación, por lo que el espíritu vive y excusa todos nuestros actos en la infancia, pero tarde o temprano cuando hacemos conciencia de la realidad como resultado de este proceso, y llegamos a decidir hacer algo que va en contra de nuestra propia conciencia espiritual (que es la que nos dice lo que es bueno o malo), cuando decidimos desobedecer a nuestra propia conciencia, se muere la posibilidad de despertar a esa vida y hacer conciencia, condenándonos a una vida sin paz y esperanza, a una vida infeliz y desgraciada, porque nos condena a no entender lo importante y trascendente que es la vida espiritual.

 

La fatal tragedia de ignorar nuestro propósito y destino es parte de la historia de la humanidad, pero debemos considerarla como la oportunidad de entender a ciencia cierta la realidad de la vida espiritual, para que al entenderlo, podamos comunicar este conocimiento como lo único realmente valioso y trascendente, ya que Dios quiere hijos que sean como es Él y no siervos que obedezcan su voluntad como si fuera ajeno a nuestras vidas y para eso nos ha metido en el crisol del mundo para preparar al alma, hasta que sea tan grande la necesidad de entendimiento y tan fuerte nuestro clamor, que transforme nuestras mentes, para que Dios vea que ha llegado el tiempo de revelar su misterio, y con toda ciencia el alma alcance al fin su verdadero propósito y destino con Dios y en Dios por la eternidad, y sea el conocimiento de Dios y el entendimiento de nuestro propio espíritu lo que podamos enseñar con toda certeza para que la tragedia de la humanidad no se repita.

 

Hemos buscado la felicidad como un fin, la Filosofía ha buscado y no ha encontrado esta respuesta, no entiende que el hombre es infeliz porque no conoce a Dios, y es que la felicidad es imposible de alcanzar mientras no conozca su destino; si sólo entiende la vida como una expresión material, la incertidumbre que es una forma de miedo, radica en ¿cuando expira su vida? y en la desesperanza de su finita existencia, por lo que la felicidad sería imposible de alcanzar. Con éste entendido, si en la realidad prevalece la incertidumbre, apartarse de la realidad y recrear en la imaginación un mundo sin temor, sería la forma de ser feliz, una felicidad ilusoria e imaginaria, apartada de la realidad, pero felicidad al fin, porque en algún momento de su existencia (mientras conservaba la inocencia), la sintió. Para lo que evade la realidad por medio de la sugestión o con el uso de algún estimulante como son las drogas y el alcohol, estimulantes que como la sugestión actúan en la evasión de la realidad y de la responsabilidad; por lo que el hombre tiene que buscar en otro fin su verdadero propósito y destino, un fin que le dé sentido a la vida y no sea solamente una vana y efímera sucesión de eventos fortuitos que han degenerado en nuestra infelicidad, un fin que cumpla con la necesidad del alma para considerarse digna de ser algo más que una simple expresión, y pueda tener la esperanza de que Dios le haya dado un sentido importante y trascendente, ese fin es que lleguemos a ser un Hijo de Dios cada uno de nosotros.

 

La razón del hombre sólo tiene sentido cuando entiende su propósito y destino, y eso sucede cuando el espíritu cobra vida en su ser, por eso es tan importante que Dios revele su misterio, para que la razón entienda y haga conciencia de una vez y para siempre de la verdad y la vida que está latente en su ser, ya no como una inocencia ignorante, sino como una vida consciente, sabia y entendida, sensata y prudente, pero a la vez fuerte y valiente, para transformar este ser de un muerto viviente a un espíritu vivificante, porque el cuerpo para morir nace, pero el espíritu nace para vida eterna y paz; para que nuestras vidas sean expresiones dignas y valiosas de lo que verdaderamente somos, para el entendimiento de los demás, y seamos hijos legítimos de Dios, entendiendo que nuestro origen es Dios y nuestro verdadero destino es ser como es Él; destino para el que fuimos concebidos por Dios, porque Él así lo quiso, para que venciendo a la muerte termine la incertidumbre y el temor, encontrando como consecuencia y no como un fin la felicidad.